domingo, 11 de septiembre de 2011

Ayer me tocó madrugar.
La puerta de mi habitación se abrió sobre las ocho de la mañana, entrando unos rayos de luz poco apetecibles a esas horas. La voz de mi padre se escuchó fuerte : ¡VAMOS ARRIBA!
No me costó mucho levantarme la verdad, quizás porque minutos después vino mi prima a mi habitación y se sentó junto a mi; las dos sabíamos que ese sería el último día en el que ella vendría a mi habitación a despertarme.
Nos vestimos a la vez, sin mucho que decirnos y bajamos abajo a la cocina, a desayunar. Allí nos encontramos a mi madre recién duchada; (hasta ella misma se sorprendió de lo rápido que nos habíamos despertado).
Una vez acabado mi nesquik y mi palmera de chocolate, mi prima ya estaba dejando su taza en el fregadero; tenía prisa por ver si se dejaba algo arriba.
Subimos las dos, con sueño, sin ganas de estar en el coche durante tres horas.
Repasó una y otra vez su maleta, nerviosa, impaciente, pues, ella no quería dejarse nada atrás.
Bajamos todas sus cosas abajo, a la entrada, y vimos que se lleva más cosas de las que trajo; y normal, después de las compras que hicimos. 
Aún me acuerdo de ello, las dos metidas en un probador, riéndonos, haciendo las cuentas de cuanto costaría todo, recorriendo pasillos enteros de arriba a abajo sin encontrar una cesta...


Nos subimos al coche todos, mi padre, mi madre, mi prima y yo. Que debo reconocer que la que iba más dormida era yo.
Emprendimos su viaje de vuelta a casa con la radio puesta, (M8O) me gusta esa emisora de radio, la música que ponen ahí, es una mezcla entre lo nuevo y lo antiguo.
Bastante más tarde, cansada de los cortes de publicidad y de las interferencias que había, le propuse a mi padre que pusiera un disco que había traído de casa.
Lo puso, y como no, FITO... Escuchamos el disco nuevo, Antes de que cuente diez, y me acordé muchísimo del concierto al que asistí con mis amigas hará ya casi un año.
Empecé a llevar un poco el ritmo con las manos, mi prima me miraba de reojo ya que ella no sabía si hacer lo mismo; más tarde empecé a cantar bajito, sin elevar el tono de voz, un poco por vergüenza; ahí es cuando mi prima, empezó a llevar el ritmo y a tararear parte de las canciones que se sabía.
Hubo un momento en que nos dejamos llevar, las dos llevábamos el ritmo, fuerte, sin miedo, sin vergüenzas, y cantábamos alto, compartiendo miradas y sonrisas.
Cuando se acabó el disco aun no habíamos llegado, y pusimos a Joaquín Sabina, otro artista de los pies a la cabeza, (al menos para mi) y justo cuando su disco acabó, estábamos en la puerta de la casa de mi abuela.


Me bajé yo la primera, y me adentre en su casa. En seguida nos reconoció, ¿Ya estáis aquí?- preguntó
Si, abuela, ya estamos aquí- contesté yo.
Uno a uno todo se fueron bajando del coche, después de mi, vino mi prima, después mi madre, y por último mi padre que él era el que descargaba las cosas.


Cuando vamos al pueblo aprovechamos siempre para ver a los otros abuelos, (los paternos) y así hicimos, dejamos a Celia (el nombre de mi prima, que hasta ahora no lo he dicho) en casa de mi abuela, pasamos allí unas horas y nos fuimos a comer a casa de mis otros abuelos.
Al llegar allí nos sorprendimos todos, mi abuelo estaba con una fiebre de 39, ¡que horror!, la verdad es que me sentí mal.
Mi abuela le dio una pastilla, y con el paso del tiempo esas tiriteras que él tenia se fueron esfumando.
Comimos pronto para volver pronto a Madrid, tenía ganas de llegar ya a casa.


De vuelta me fijé a mi lado derecho, y ella ahí no estaba. Empezaba a echarla de menos; pero eso no fue lo peor de todo; fue cuando llegué a casa y mi madre me dijo: 
-Se nota que Celia no está, ¿verdad?
-Si, la verdad es que sí mamá- conteste yo triste.


Subí las escaleras despacio, echando de menos unas pisadas detrás mía (las de mi prima)
Vi su habitación vacía, sin su móvil encima de la mesita de noche.


Había acabado, ahora ya tengo más tiempo para mi misma, y lo disfrutaré; pero ella no sabe cuanto la echaré de menos.








No hay comentarios:

Publicar un comentario