Ya está. Todo ha terminado; o al menos mis vacaciones.
Salí de aquí un dos de Agosto por la mañana (no muy temprano) ya que el vuelo me lo habían atrasado, pero aun así a las 11:00 de la mañana hacía un poco de frío.
Vinieron a recogernos a casa y de camino al aeropuerto sonreía sabiendo que dejaba atrás una ciudad tan caótica como lo es Madrid.
En el aeropuerto no hubo ningún problema; bueno ¡MIENTO!
Una vez subidos en el avión, una hora más tarde de la hora prevista de salida, nos dijeron que aún teníamos que esperar otra media hora más, ya que faltaba un auxiliar de vuelo.
Que falta de respeto hacia las personas; aunque he de reconocer que no me importaba lo más mínimo, ya que tarde o temprano llegaría a mi destino.
Y a sí fue.
Lo primero que hice al salir del aeropuerto de Palma de Mallorca fue inspirar todo lo que pude y reconocer esa humedad de años anteriores.
Una ola de calor me abofeteó el cuerpo e hizo que despertara y que caminase hacia donde se concentraban los taxis.
Ya estaba llegando, faltaban a penas minutos. Desde lejos reconocí el hotel naranja y azul que me llamaba.
Ya había llegado; y después de un muy buen recibimiento por parte de la dirección del hotel, nos encaminamos hacia nuestras habitaciones, con prisas para deshacer la maleta cuanto antes y sentir la playa.Todo espectacular, que vistas desde mi terraza.
Los días fueron pasando y yo era aun mas feliz, sonreía a todas horas.
Me podía tirar semanas enteras andando por la playa mientras las olas chocan contra mis pies, y un sol más que brillante broncea mi piel.
El tiempo pasaba y cada vez llegaban mas personas. Llegó una amiga de mi urbanización y la verdad es que disfrutamos mucho, (o al menos yo). Pasábamos mucho tiempo juntas y como dicen, el roce hace el cariño y cada vez había mas confianza. Disfrutábamos de todo lo que podíamos.
El tiempo pasaba y quedaban menos días para dejar todo aquella. La melancolía, tres días antes de marcharme, empezó a recorrer mi cuerpo y ya no era la chica que sonreía.
Las horas acababan y estaba ya en mi habitación haciendo la maleta, y separando la ropa sucia de la limpia, para emprender el vuelo de vuelta a casa.
Nos despedimos de aquellas personas que habían pasado el verano junto a nosotros, y en el taxi rumbo al aeropuerto no pude evitar que unas lágrimas cayesen de mi ojos al saber que tendría que volver a pasar un año para estar otra vez allí.
En el avión, despegando, por no querer afrontar la realidad, cerré los ojos y apoyé la cabeza en el hombro de mi madre dejando que el sueño se posara en mis pestañas.
Visto y no visto, ya estoy de nuevo aquí, recordando esos días con alegría y felicidad.
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