Aquel invierno; uno de los más fríos según los meteorólogos, estaba ella allí.
Sentada en esa camilla redonda heredada de sus antepasados. Aquella camilla, donde hacia muchos, muchísimos años atrás, le cambiaban el pañal, jugaba con sus muñecas, dibujaba, y hasta se creía mayor escribiendo allí.
Y ahora, mírala, ahora sí que es mayor.
Con su taza de té caliente, con la chaqueta de lana de estar por casa y uno pantalones más que calientes, miraba a través de la ventana, aquella noche tan fría y pasada por agua.
La lluvia era muy inestable; algunas veces golpeaba más fuerte sobre el cristal, en cambio, otras, no tanto.
Hacia viento; eso no significaba que hiciese frio, pero aquella noche hacia mucho más que todo eso.
No le gustaba el invierno. Ella no buscaba resguardarse de todo aquello; pero a veces se sentía segura; simplemente por tener kilos y kilos de mantas encimas y sentirse caliente.
Vivía sola. No necesitaba más. Excepto a su familia, que de vez en cuando se veían, No vivían lejos, pero el trabajo era lo primero, era una obligación que cada día le gustaba más.
Un bostezo suyo, hizo que mirase el reloj, las 00:30, se sentía cansada, y mañana tenía que ir al trabajo.
Fue a la cocina a enjuagar el vaso de té que había dejado a la mitad.
Después, mas tarde, ordenó todos los bolígrafos que tenia esparcidos sobre la mesa en su estuche personal.
Por último, echó una ojeada al blog que tenía delante, ese blog de hacia tantos años atrás, que la acompañaba fuese donde fuese.
Lo cerró con delicadeza y cogió el estuche.
Respiro profundamente y con los ojos cerrados, abrazo ese blog tan especial e importante para ella.
Y pensó en los relatos escritos, en su vida pasada, y así lentamente, apagó la luz del flexo y se dirigió a su habitación, para mañana volver a su rutina, esa rutina que a ella le gustaba cada días más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario